La Arena Coliseo, 75 años de gloria

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Foto: Kevin Emmanuel Frausto Santiago

75 aniversario de la Arena Coliseo

En 1933, Salvador Lutteroth González “El padre de la Lucha Libre”, fundó la Empresa Mexicana de Lucha Libre, hoy conocida como Consejo Mundial de Lucha Libre, y a pesar de ofrecer buenos espectáculos, faltaba algo, un lugar digno en donde poder recibir al público y a los gladiadores del ring.

La mística del coloso de la Lagunilla

Caminar por la calle República de Chile, rodeado de comercios de vestidos y trajes, y posteriormente girar a la derecha en la calle República de Perú, te permite ver a primera instancia, por su gran tamaño, el letrero a un costado de la fachada del número 77, con la leyenda COLISEO. Afuera de la taquilla del establecimiento hay vendedores de máscaras de los ídolos del momento y de los de antaño, pósters y vídeos. Las personas esperan el acceso.

Poco a poco van llegando gladiadores, desde Guerrero Maya, Shocker, hasta el famoso Diamante Azul. Las personas al verlos, se acercan a saludarlos, tomarse fotos con ellos e incluso pedirles autógrafos.

La entrada a la arena está delimitada por una gran camioneta con equipo de grabación y por la seguridad privada, para permitir los accesos al público. Al subir las escaleras, encuentras un amplio lobby con entradas a las diferentes zonas de la Arena Coliseo. Señores trajeados revisan tus boletos y te dan paso a los torniquetes. Después de caminar por varios escalones de concreto, llegas a la parte media del embudo de la Lagunilla, una gran malla metálica de seguridad cubre toda la zona de las gradas y los balcones.

Desde hace más de siete décadas, aquí se festeja la Lucha Libre. Un deporte representativo de la cultura nacional. Fue Salvador Lutteroth González quién dio a conocer este rudo espectáculo a la sociedad mexicana, combinación de la lucha olímpica con la lucha grecorromana.

La conmemoración

Los asistentes caminan buscando el mejor lugar para sentarse, una vez cómodos en una zona de las gradas y de las butacas, los gritos, cornetas y “chiflidos” se hacen escuchar, la primera lucha está por comenzar, el presentador anuncia a  las Amazonas del ring: Marcela, Estrellita y Vaquerita quienes se enfrentan a Zeuxis, Amapola y Seductora. Después de las tres caídas, las técnicas resultan triunfadoras.

Las luchadoras bajan del ring, antes de irse a vestidores se toman fotos con algunos asistentes de las primeras filas, saludan a la gente y se retiran.

Entre las sillas cercanas al ring y en los palcos, los vendedores de cerveza empiezan su labor, la música de heavy metal y rock and roll suena, You give love a bad name de Bon Jovi, anuncia los duelos por venir. El choque de algunos envases de refresco se escucha.

Edificando la leyenda

En el año 1944, tras haberse ganado la Lotería, “El padre de la Lucha Libre”, decidió contratar los servicios del arquitecto Francisco Bullman para edificar el hoy mítico embudo de Perú 77. Ricardo, un férreo aficionado del bando de los técnicos, refierió a la Arena Coliseo como una lugar legendario: “Hay que recordar que aquí hubo una lucha memorable, la historia de la Lucha Libre la recuerda como una joya, el duelo de máscara contra máscara entre Santo y Black Shadow”… Para él la lucha lo tiene todo, circo, maroma y teatro.

Y sí, desde aquel 1944, el coloso de la Lagunilla ha albergado míticos enfrentamientos de legendarios luchadores como, El Santo, Blue Demon, Black Shadow, Mil Máscaras, El Ángel Blanco, Dr. Wagner, Fishman, Los Villanos, Los hermanos Reyes, Atlantis, entre muchos otros más.  También la Arena Coliseo, ha sido testigo de tragedias, como la ocurrida en 1993, cuando el Luchador Oro, perdió la vida poco después de sufrir una mala caída en el cuadrilátero.

Muchas máscaras han caído, también cabelleras. Las lágrimas han sido de felicidad y tristeza. Multitudes han pasado por las butacas y muchos de los forjadores del ahora histórico lugar ya no están, pero la historia continua.

Iconos

El gimnasio de la Arena Coliseo fue su cuna, desde muy temprana edad se interesó por la Lucha Libre. No es hasta el año 1983 cuando logró debutar bajo el mando del gran Diablo Velasco. Con su llave “La quebradora en todo lo alto”, Atlantis se convirtió en el ídolo de los pequeñines.

El gusto de la afición mexicana por la Lucha Libre, rebasó los límites hasta llegar a las escenificaciones fílmicas. Tal fue el éxito, que hoy en día personajes como El Santo, Blue Demon y Mil Máscaras, son considerados súper héroes. A diferencia de los justicieros de los cómics, los héroes mexicanos son de carne y hueso, y la Arena Coliseo fue set de grabación de todas estas historias fantásticas llevadas al cine.

Las mujeres también son parte de este espectáculo, llaves, gritos, patadas y jalones de cabellera, ellas le entran a todo. No únicamente se trata de luchadoras, también de aquellas damas que viven la Lucha Libre, la madre, esposa o novia del luchador. Siempre al borde del ring.

Cada lucha, una historia diferente

Los luchadores salen a darse con todo, a rifársela. A correr de esquina a esquina, a saltar desde la primera, segunda o tercera cuerda para hacer un mortal e impresionar al público asistente. Golpes y energía bien canalizada para el deleite del respetable.

Volteas a tu alrededor y mucha afición está enmascarada, se sienten un luchador más aplicando la manita de puerco al de la butaca de un lado. Los luchadores bajan del ring y los aficionados los tocan, como queriendo sentirse parte de la victoria o del dolor de la derrota.

La Arena Coliseo se caracteriza por el desorden, la no distinción de las clases sociales, los golpes, las patadas, las leyendas, máscaras, cerveza y diversión. Pero sobre todo se le atribuye una gran historia por las leyendas y encuentros de gran calidad entre rudos y técnicos que ha vivido en su cuadrilátero.

La noche del sábado 7 de abril de 2018 es especial, 75 años de historia luchística se están celebrando, luchadores, nuevos y viejos aficionados, todos tenían algo que contar.

Ismael Hernández , motivador de la porra de los rudos, mencionó ser partícipe de las funciones de lucha por alrededor 30 años, y a pesar del gran ambiente que se vivió esa noche, resaltó la falta de luchadores de más renombre en el cartel conmemorativo de los 75 años de la Coliseo. Agregó que la experiencia es lo mejor por ver en los cuadriláteros. A su punto de vista, luchadores como El Signo, Black Terry y el Negro Navarro, debieron estar luchando esa noche.

Alejandro Villalba, hombre del público, visitante por primera vez a una función de Lucha Libre, mencionó lo especial del ambiente en la arena, lo alegre y deportivo. Resaltó al pancracio como una parte importante de la cultura nacional, además hizo énfasis en la inigualable experiencia de asistir a un recinto histórico.

Un protagonista de la velada conmemorativa de la Coliseo compartió su sentir, El Diamante Azul expresó haber sido un honor participar con grandes estrellas del pasado y recalcó la importancia del público asistente en la arena, porque respondió de manera positiva con un lleno total. “Que se repitan estos tipos de eventos, para que la gente regrese a la Coliseo”, apuntó.

En la otra cara de la moneda, un luchador de experiencia, de la legendaria dinastía Reyes, Máscara Año 2000, mencionó la felicidad y nostalgia de participar en el aniversario de la Arena Coliseo, porque recordó hace unos años, cuando la arena se llenaba en martes y domingo, para él esta experiencia fue lo máximo.

Solar, mítico gladiador de “Los cadetes del espacio” expresó lo grandioso de regresar a la Coliseo en sus 75 años, agregó el valor de la lucha en su vida, porque para él lo es todo. Recordó la innumerable cantidad de triunfos obtenidos en el embudo de la Lagunilla, dejándole una agradable experiencia.

Sin duda, todo aficionado al pancracio, así como sus protagonistas, tienen algo que contar de la legendaria Arena Coliseo. Una noche conmemorativa basta para sacar a flote la experiencia y los recuerdos de cada alma asistente a las funciones del deporte de los costalazos.

Los recintos se hacen sitios históricos por las personas presentes en ellos a través de los años. La Arena Coliseo guarda muchas anécdotas pictóricas, con los destellos de la máscara plateada del Santo, la tapa de Blue Demon y las mil caras de Mil Máscaras, las luces, el sonido y el estruendoso ruido de una afición apasionada.

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